El Más Inútil de Todos

“Un billete de 200 euros es algo así
como un jardín sin flores…”

(Anónimo 2001)

 Desde que entró en vigor el euro allá por el año 2001, dentro de nuestros tremendos líos, pues todo eran calculadoras-conversoras, ajustes al céntimo los precios y los cambios (algunas veces hasta de forma mental) y aún con esa costumbre de hablar en “antiguas pesetas”, no nos dimos cuenta de un pequeño detalle. Dentro del conjunto de emisiones de billetes y monedas lanzados por la Unión Europea, surgió EL GRAN DESATINO:

LA EMISION DE UN BILLETE DE 200 EUROS.
(Para quien nunca haya visto uno, es el de color amarillo y pone un 200 –el de la imagen-).

¿Qué sentido tiene un billete de 200 euros?

Para valorar y apoyar esta exposición, sería necesario entrar en una especie de juego de supuestos prácticos, siempre basados en la necesidad de realizar pagos en efectivo:

Supongamos que debemos realizar una transacción comercial que implique un pago elevado en efectivo; por ejemplo una fianza o señal para la compra o alquiler de una vivienda, o incluso de un vehículo. En ese caso, por norma, la tendencia será la de utilizar un billete grande, es decir, el de 500 euros. (Sí, ese que dicen que existe pero que nadie ha visto nunca, como las meigas en Galicia o como se llegó a renombrar en su momento: “elbinladen”).

Supongamos ahora que tenemos que realizar una transacción comercial que implique un pago en efectivo moderadamente alto, pero para el que descartaremos el billete de 500 euros por el importe de la propia transacción. En ese caso, la intuición nos inducirá a utilizar billetes de 100 euros.

Por último supongamos que llega el momento de realizar una compra de un producto de un valor económico bajo o lo que podríamos considerar como cotidiano. En ese caso recurriremos al billete de 50 euros, o a lo sumo, al de 100. Por ejemplo, en un kiosco: Dependiendo del importe de la compra, es relativamente fácil cambiar un billete de 50 euros, otra cuestión es que lo intentemos con uno de 100 euros. En este caso, cabe la posibilidad de que nos lo acepten, pero también de que lo rechacen, y ello dependerá de varios factores que pueden ir desde el nivel de confianza que exista entre vendedor y comprador, hasta otros más profundos (normalmente de índole sexual, es decir, de si le sale o no de sus…) pasando irremediablemente por el precio de los bienes adquiridos o el cambio de que disponga el negocio en ese momento…

De igual modo, por normal general, en los establecimientos -incluidos gasolineras o centros comerciales- suele existir un cartel que indica algo así como “el personal de este establecimiento no dispone de cambio para billetes de 200 ó superiores”, lo que implica que esos billetes no se pueden utilizar en dichos comercios.

Finalmente, por dar un toque aún más puntual a esta cuestión, nos podemos plantear la pregunta siguiente: ¿Alguien ha recibido alguna vez un billete de 200 euros de un cajero automático? Esta respuesta es contundente: ¡NO!

Llegados a este punto, y a la vista de las circunstancias, me pregunto:

¿Para qué se utiliza un billete de 200 euros?

¿Hay billete menos útil que el de 200 euros?

¿Por qué en su momento, la Unión Europea no se planteó pasar del billete de 100 al de 500?

El billete de 200 euros no es práctico, para transacciones ni grandes, ni medianas, ni pequeñas.

¡Que lo eliminen! 

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